viernes, marzo 23, 2007

Historias de un Pariguayo en la UASD. II


Continuando con la segunda parte de mis historias en la UASD quiero aclarar que éstas no llevan una secuencia, mas bien son como una recopilación de experiencias vividas en esta magna universidad dominicana. Si quieres leer la parte uno has click aquí.

La experiencia que relato a continuación sucedió en el primer semestre que cursé en la UASD. Estando yo todavía bastante nuevo o “verde” como nos decía a los estudiantes que veníamos del “campo” o del interior del país. La cosa es que se armó la primera huelga y la primera suspensión de las docencias por tiempo indefinido. Ante esta situación todos los “verdes” que vivíamos arrimados o en pensiones agarrábamos los bultos y nos íbamos a nuestros pueblos a ver las noticias y esperar a que reabrieran la universidad. Como vivía en el sector de las Palmas de Herrera se me ocurrió la “brillante” idea de irme en voladora para Puerto Plata ya que la parada de éstas me quedaba mas cerca que la de Caribetours y también me ahorraba unos cuanto pesos porque eran mas baratas. Tremendo error. El viaje se hacía con escala en Santiago, es decir una voladora de la Capital a Santiago y otra de Santiago a Puerto Plata.

Todo iba muy bien hasta llegar a Santiago. Antes de desmontar los pasajeros en la parada de Santiago llamada la rotonda, se sube un cobrador de otra voladora y vocea: - Puerto Plata ahí, Puerto Plata ahí. Al mismo tiempo que señala otras voladoras. Cuando me desmonto de la guagua me dirijo a la voladora que había señalado el cobrador. Me subo a la guagua y me acomodo como puedo. A los poco minutos emprendemos el viaje. Cansado de tanto trote me quedé dormido.

Rato después despierto, veo el reloj y me doy cuenta que ha pasado como una hora, pero la sorpresa mayor fue cuando miré por la ventana y miré el paisaje. Me quede perplejo cuando miré todo el paisaje desolado y árido, inmediatamente me di cuenta que había tomado la voladora equivocada ya que el camino a Puerto Plata es mas frondoso y tiene campos de caña y muchos árboles en todo su trayecto. No me atrevía a preguntar hacia donde se dirigía la guagua para no pasar por “Pariguayo”. Aunque ciertamente en ese momento eso era lo yo era. Opté por preguntar cual era la próxima parada diciéndolo como quien se acaba de despertar. Cuando me respondieron Montecristi se me entró un frío en las canillas e inmediatamente solté un grito: ¡Chofer déjame!. Para suerte mía no andaba con el dinero contado. Esperé como 20 minutos a que pasara una guagua que me llevara de vuelta hasta Navarrete, punto de intersección con la carretera a Puerto Plata. Eso sí, con los ojos bien abiertos. En Navarrete abordé un carro y llegue a Puerto Plata.

De esto saqué unas cuantas moralejas que me sirvieron de mucho en los siguientes años de estudiante.

1- Asegúrate siempre el destino antes de abordar una guagua preguntándole al chofer.
2- Nunca te duermas en el trayecto.
3- Nunca salgas con el dinero contado.
4- No tengas miedo a preguntar.
5- No dejes camino real por vereda por ahorrarte un par de pesos.

2 comentarios:

Will dijo...

jjajaja..que risa...eso te paso por pariguayo...

Anónimo dijo...
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